Lula, a sus sesenta años, conserva aún su figura. Sailor, tripudo, casi calvo y ligeramente artrítico, hace tiempo que ha renunciado a la lucha y se ha convertido en el rey de su sillón. Todo parece indicar que sus vidas han aparcado definitivamente el Cadillac. Pero no. La cosa volverá a desmadrarse cuando su hijo les anuncia que va a ir de visita a Nueva Orleans con el célebre director de cine de terror de serie B.